
Trabajando en Colectivos de Mujeres Organizándonos en los trabajos colectivos es donde empezamos a entender que tenemos derechos como mujeres. |
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Para 1999, Niki Karsin (de la promoción 1990 de Oakwood School) había estado trabajando dentro de las comunidades indígenas (mayas) de Chiapas, México, desde poco después del levantamiento zapatista del 1 de enero de 1994. Uno de los principales proyectos era ayudar a establecer una federación de cooperativas de mujeres artesanas, para que los escasos recursos disponibles se pudieran compartir y que las mujeres que trabajaban juntas se ayudaran entre sí a desarrollar confianza e independencia. Pero encontrar un mercado justo para los productos de Chiapas no fue posible: la población local era demasiado pobre, y las opciones de importación-exportación existentes eran notoriamente explotadoras.
Los estudiantes y el cuerpo de profesores de Oakwood School (Los Angeles, California) estaban entusiasmados por ayudar, como así también la Fundación Esperanza, una organización sin fines de lucro que estaba concluyendo la construcción de su Mercado La Paloma en Los Angeles: un lugar en donde mercaderías hechas por mujeres se podrían ofrecer tanto a los anglosajones como a los latinos. La primera delegación que viajó a Chiapas, en junio de 2000, tenía como objetivo principal desarrollar la confianza personal necesaria para esta relación, así como también la toma conjunta de decisiones sobre los aspectos prácticos del trabajo.
Desde entonces, los estudiantes
de Oakwood han recaudado casi $600,000 en concepto de donaciones
para el trabajo artesanal de las Mujeres de Maíz en Resistencia (como
ellas mismas dieron en llamarse durante la estadía de aquella primera
delegación). Todo ese dinero se destinó directamente a las
mujeres; y más de 225 estudiantes y profesores han participado en
las delegaciones anuales de junio. Estas delegaciones cubren muchos campos,
desde los puntos de vista intelectual, moral y espiritual, y se aprende
mucho, de diversas maneras. Es de destacar que la apertura y el compromiso
de las Mujeres de Maíz hacia estos estudiantes ha crecido y se ha
profundizado a paso constante: consideran a los estudiantes principalmente
como compañeros de trabajo, más que como meros turistas compasivos
y de buen corazón. Las experiencias compartidas han sido profundamente
significativas para todos.
Al ingresar a la universidad, muchos de los estudiantes de Oakwood sintieron una fuerte necesidad de continuar con su trabajo. En 2003, se inició un ambicioso Proyecto Universitario, el que se cimentó en las relaciones establecidas por las delegaciones con tres grandes centros de trabajo artesanal cooperativo de Chiapas.
A continuación, los escritos y las fotografías de los que participan en este trabajo, tanto de las mujeres de Chiapas como de los estudiantes estadounidenses que cruzaron sus vidas con las de ellas.